Son
pocos los
vehículos
sin fecha
de caducidad;
todos cumplen
un ciclo
vital, a
no ser que
se trate
de modelos únicos
a los que
hay que cuidar
con sumo
mimo y que
incluso pueden
llegar a
adquirir
utilidad
ciñéndose
exclusivamente
a la exhibición
de su carrocería,
léase
un Seat 600
o un Mini.